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Mi relación amor-odio con la trilogía “Fifty Shades”,

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¡Saludos, liternautas!

Tal y como dije en la publicación anterior, quería dedicar un post a reseñar la ya inreseñable trilogía Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James. A pesar de que la última entrega de la trilogía, Cincuenta sombras liberadas salió publicada en 2012 y en cines ya se ha pasado el film del segundo libro, no puedo dejar de reseñar los libros en mi espacio, ya que marcaron un antes y un después en mi vida como lectora.

Como todo en esta vida, hay cosas que nos dejan marcados, cosas que nos han encantado, cosas que hemos odiado y cosas que cambian nuestra forma de ver la vida y lo que nos rodea. En mi caso, el tener esos libros entre manos me cambió la vida, de la misma forma que el joven, guapísimo (y multimillonario, como no) Christian Grey cambió la vida de la inocente bibliófila Anastasia Steele.

Pero vamos por partes. El primer libro de la trilogía llegó a mis manos en Navidades de 2012 y antes de reprender la universidad en enero lo tuve leído. Creo que aún releyendo capítulos, lo leí a un ritmo tan frenético que en sólo dos días cerré la última página (a día de hoy aún recuerdo perfectamente que mi novio se cabreaba porque le hacía más caso al libro que a él). En aquellos tiempos leí esta trilogía porqué me atrapó y sinceramente me gustaba (en mi vida había leído absolutamente nada de literatura erótica y el hecho de que todo estuviera escrito tan explícitamente fue algo muy nuevo para mí), pero mirándolo con perspectiva, hay cosillas en esos best-sellers que hacen que mi diosa interior esté repateándome el alma (mi diosa no frunce el ceño, ya pasa directamente a darme de leches para exigirme que escriba lo que estás leyendo).

Si bien es muy cierto que muy pocos se atreven a escribir escenas sexuales explícitas, James es algo que supo hacer en el momento correcto. Creo sinceramente que saltó al estrellato en la literatura moderna por haber puesto nombre a aquellas cosas que la mayoría consideramos oscuras o que debemos reservar para nuestra más profunda intimidad. Y menos mal que el crear escenitas con látigos se le dio bien, porque como novelista es un cero a la izquierda. Todos y cada uno de los tres libros (sí, digo tres porque no me dio la gana leer otra vez la historia vista por Christian en Grey) están escritos en un lenguaje que carece de… en fin, de todo lo que busco en un libro. A mí me gusta que en la narrativa se desprenda algo de poesía, un ritmo que desenvuelva la trama con harmonía… Y no hace falta buscar en los grandes escritores para encontrar eso, pero ese nosequé que busco, James no lo tiene por muchos libros que haya vendido.

Pasando a los personajes ya es para morirte. Tenemos a una protagonista femenina joven e inocente (que a sus veintipocos años sigue virgen (cosa que no es reprochable ni mucho menos, pero la han pintado como si hubiese nacido ayer y encima con la aparición constante de la diosa interior parece que a esta chica la mueven las hormonas)) que se queda prendada de los encantos de un multimillonario pocos años mayor que ella con un pasado turbio (demasiado, para mi gusto y que, por contraposición, sabe tanto de sexo como de hacer dinero). En fin, el cliché en su más puro estado.  Y lo mismo podría decir de Me before You (Antes de ti, en nuestras tierras), dónde se repite el mismo puñetero esquema de hombre rico/chica pobre e inocente. Pero bueno, volvamos al ajo.

Dejando a parte los temas relacionados con el consentimiento en el BDSM, de los que no tengo tanta idea como para hablar en profundidad, me quiero centrar en cómo dos personas tan diferentes como Anastasia y Christian acaban estando juntas y hasta viviendo en un idilio de vida, felizmente casados, con dos niños y volviendo de vez en cuando a su cuarto rojo. El camino yo lo definiría en una sola palabra: ACOSO. Llamadas, mensajes controladores, citas en sitios caros, regalos impagables… No, Grey, tu turbio pasado no justifica tus acciones. Y es más, no me entra en la cabeza que James haya creado a un personaje femenino que no tenga agallas para denunciar a ese tarado en lugar de hacerle caso y acceder a su contrato amo-sumisa. ¿Es que la historia no nos ha humillado bastante que tiene que venir James y presentarnos con esa alegría a Anastasia Steele? ¿Y qué hay del terapeuta del millonetis, que no le dice que el acoso no se considera cortejo? Y ya no hablemos de Hyde, el cliché de jefe baboso que se ha tirado a todas sus secretarias y que quiere aprovecharse de la chica indefensa. Maldita sea, James, ¡¿dónde guardaste tu orgullo de mujer mientras escribías?!

Creo sinceramente que lo más acertado en este libro es el ver cómo se desarrolla una relación tóxica, dónde uno es controlado por el otro y de lo difícil que es abandonar esa relación porqué hay la esperanza de que todo cambie a base de promesas que nunca se cumplen. Los paseos en el Charlie Tango, el baile de máscaras, la petición de mano en una caseta llena de rosas y corazones, el rescate de la hermana menor de Christian… Todo eso son adornos o relleno para crear una trama con un final más propio de Disney que de una novela erótica. Al final de la novela te da la sensación de que esa dulce e inocente universitaria ha rescatado a un alma atormentada del infierno y que Christian puede vivir una relación sana por primera vez en su vida. ¿Es ese realmente el cometido en la vida de Anastasia? ¿No tiene más motivación que los libros y espantar a los demonios de su novio?

Pero por otra parte, lo preocupante del fenómeno Grey es que toda mujer quiere a un Christian Grey en su vida. ¿Qué puñetera falta te hace un perturbado que disfruta infligiéndote dolor porqué le pone y que te controla por todos los medios que puede? Mira, es para coger los libros para usarlos en la estufa, prefiero un hombre que respete mi espacio, si quiero azotes o palabras feas solamente tengo que pelearme un poco con mi hermana y solucionado.

Pero sí que hay algo que debo agradecerle a E. L James como escritora: Fifty Shades me ha hecho valorar muchísimo más a mis personajes femeninos. Ese ha sido el cambio en mi vida; en todos mis escritos intento crear MUJERES (sí, con mayúsculas). Pero no mujeres con mil y una virtudes y que se sobreponen a todo, sino mujeres reales, con virtudes, fortalezas, dudas y debilidades. Nunca un personaje femenino eclipsado por un macho o un simple complemento de un héroe.

En fin, tenía que decirlo 🙂 A estas alturas está todo dicho, pero quería dejar mi pequeña contribución. Espero que os haya gustado.

¡Salud y lectura!

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