Mis reflexiones

El adiós azul

En el día de hoy, me visto de oscuro. Pero no de negro, sino de azul marino.AVI

Los primeros impresionistas, los llamados Escuela de Barbizón utilizaban colores como el azul de Prusia si querían usar colores oscuros en sus pinturas. Pero nunca usaron el negro.

Nuestra sociedad asimila la muerte con el color negro, como si la tristeza tuviese que quedarse en nuestro interior hasta que el tiempo nos permita sobrellevar la ausencia de un ser querido.

Ayer perdí a uno de mis cuatro abuelos; a pesar que no era un mozo, la enfermedad me lo ha arrebatado demasiado pronto. En este día quiero hacerle un homenaje para guardarlo en este rincón.

Jordi Solé Roig, nació en un frío 19 de enero. Esposo, padre de un hijo y dos y hijas y abuelo de dos nietas y tres nietos.

Yo fui su primera nieta. Durante el invierno nos veíamos para celebrar navidades y cumpleaños. Pero durante el verano, mis abuelos bajaban de Barcelona y estaban siempre en una vieja casa en mi pueblo (donde había nacido su madre de él) y pasaba muchas horas allí. Iba a comer cuando salía del repaso, miraba mis series favoritas con mi bisabuela y si mi padre se pasaba, jugábamos a bádminton en la calle. Durante la Semana Santa venían también mis tías y juntos hacíamos la tradicional mona. También recuerdo que durante la procesión del Viernes Santo, yo salía a tocar con la banda municipal y todos ellos, a pesar de ser ateos, se tragaban toda la procesión solo para verme.

Si hay algo que le agradeceré siempre a mi abuelo es que con él descubrí mi pasión por la cocina. Cuando crecí y tenía unos ocho años, siempre me pedía que le ayudara a hacer su paella de marisco. Recuerdo que subía la bombona de butano y una paella enorme al altillo de la casa y me iba pidiendo que le subiera y bajara utensilios, el tomate rayado, el marisco, el arroz… Recuerdo que me explicaba cosas de cocina mientras toda la casa se impregnaba del olor tan agradable que hacía ese arroz. No hay nadie en toda mi familia que niegue que esa paella de arroz con marisco era la mejor del mundo. También es gracias a él a que ponga un poco de canela a las croquetas, y aunque en casa no les apasione mucho, para mí es algo que me recuerda a él, ahora que ya no está.

En mis 25 años solamente me echó la “bronca” una vez, cuando me estaba medicando de una gripe o algo así y era incapaz de tragarme las pastillas. Recuerdo que me enseñó como él se las tomaba de tres en tres con toda la naturalidad del mundo para hacerme ver que no era para tanto. La verdad es que siempre lo veía sonreír, era optimista, muy positivo, desprendía luz.

Por todo esto hoy me niego a vestirme de negro, alguien que irradiaba tanta luz no va dejar oscuridad en mí.

 Espero que llegue el día que desde tu nuevo hogar puedas ver que los más jóvenes hemos conseguido nuestro sueño y que te sientas orgulloso de nosotros. Allá donde quiera que estés, sé que no me vas a dejar.

T’estimo, avi.

2 comentarios sobre “El adiós azul

  1. Que emocionante ha sido leerte Laura. Hay que pensar en la buena vida que ha llevado y en el gran bien que ha hecho en vosotros, seguro que no habria podido ser un padre, marido y abuelo mejor de lo que lo ha sido. Me alegro que te haya dejado muchos recuerdos y tradiciones, que eso queda para siempre. Y ahora a vestir de azul prusia, y de amarillo, rojo, verde y blanco, de su color favorito, del color que te haga sentir guapa y que te vaya mejor con tus ojos. Si te esta viendo desde algun sitio seguro que estara muy contento de que vayas preciosa y mas en su honor.

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