El artículo del mes, Historias (del Arte)

Mi opinión sobre Sijena. Parte II

Siguiendo la línea de la publicación anterior, hoy quiero dar mi opinión sobre la vertiente política del litigio de las obras del monasterio de Sijena que se encontraban expuestas en el Museu de Lleida. Soy muy consciente de que me estoy metiendo en arenas movedizas y que mi opinión podrá generar acuerdo o rechazo. Pero como ya expuse en la primera parte, no voy a dejar cosas en el tintero.

Como también dije en la anterior publicación, las cosas se pueden hacer mal, pero en este litigio por las obras de Sijena se han hecho de la manera más pésima posible para acabar con estas penosas imágenes:

Resultado de imagen de museo lleida policia

Resultado de imagen de Les obres d’art surten del Museu de Lleida enmig d’un fort desplegament policial

Despliegue policial y manifestantes en el Museu de Lleida para garantizar la seguridad del traslado de las obras de Sijena.

La sensación que me ha dado en general es que, por todos los años que lleva activo el litigo de esas obras, con todo el proceso de independencia de Cataluña el tema ha cogido un revuelo impresionante.

Creo que desde que Madrid se tomó el tema catalán como un desafío y aplicó el ya archiconocido Artículo 155, las competencias de la Generalitat pasaron al Gobierno Central y las obras de Sijena no fueron una excepción. Íñigo Méndez de Vigo ordenó la entrega de las obras al monasterio por parte del Museu de Lleida, cosa que a mí, como catalana, me pareció de lo más rastrero. Pero cuidado, esto tiene muchísimos matices de los que quiero hablar. Para facilitar la comprensión (y también para organizarme las ideas) lo he dividido por puntos:

  1. Como ciudadana catalana pro independencia, me indigna cómo se ha llevado todo el tema de la República Catalana (y hablo tanto de la represión policial en el 1-O, como de la aplicación del 155, de que desde Madrid se ha ignorado categóricamente a Cataluña y en cuanto se ha visto que la cosa se les escapaba de las manos, todo se ha solucionado a golpe de Constitución… como que mientras Sánchez, Cuixart, Junqueras y otros defensores de la República eran encarcelados, Puigdemont se marchaba amparado en el asilo político a Bruselas; me parece una puñalada del President hacia sus socios de gobierno, que a día de hoy siguen sin poder salir ni asistir a las sesiones del Parlament.) Como comprenderéis, el hecho de ver a los mossos y a la policía en el Museu de Lleida no me hizo ni pizca de gracia, ya me temía una represión como en octubre. Todo esto me parece avergonzante (y me estoy quedando muy corta) en pleno s.XXI y en un país que se califica como democrático y me pareció muy correcto que los ciudadanos fueran a manifestarse por lo que consideraban un acto injusto e impuesto por un gobierno al que se califica como opresor.
  2. Por lo que respecta a los objetos artísticos de Sijena, creo sinceramente que la compra que efectuó la Generalitat a las monjas de Valldoreix fue lícita, pero como esa adquisición no fue comunicada al órgano competente, esa la principal razón por la que el fallo se declaró a favor de Huesca y que, finalmente, ha obligado a la Generalitat a devolver las piezas al monasterio. No voy a andarme con rodeos, a pesar de que piense que lo que se califica de expolio, fue lo que salvó a las obras del monasterio de quedar en el olvido fue realmente una salvación para este patrimonio. Pero las cosas como son, de la misma manera que los catalanes reclamamos en su momento la parte que nos pertenecía de los célebres papeles de Salamanca, que en su día fueron robados por el gobierno franquista, las obras de Sijena no pertenecían al Museu de Lleida; y de la misma manera que los salmantinos consideraron la devolución de los papeles a Cataluña como un expolio del Archivo de la Guerra Civil, ahora los catalanes nos hemos sentido robados, ultrajados, expoliados (y más adjetivos que quedan muy poéticos, pero que no son necesarios) por algo que nos habíamos hecho nuestro. Pero un matiz muy importante: no podemos meter en el mismo saco los objetos de Lleida con las pinturas murales de la Sala Capitular que se exhiben en el MNAC. Reitero mi opinión de que el arte pertenece a su lugar de origen y Sijena tiene todo el derecho de recuperar dichas pinturas, pero aquí tenemos que mirar más allá de politiqueos y leyes patrimoniales y pensar en la integridad del patrimonio artístico. Una solución plausible (aunque para nada económica) es lo que se hizo en la iglesia románica de Sant Climent de Taüll (Vall de Boí, Lleida), que fue trasladar las pinturas al MNAC para dejarlas en un lugar controlado y protegido y se realizó una copia en la iglesia para que se pudiera seguir disfrutando in situ. 
  3. Siguiendo la línea de los politiqueos, lo que me parece más indignante ha sido que, como siempre, el patrimonio artístico ha tomado un papel como una posesión más en una pelea de gallos, de algo a lo que normalmente no se le presta demasiada atención pero que a todos nos afecta cuando nos interesa (de esa reflexión saqué el cuento en la anterior publicación, aunque admito que no fui lo suficientemente imparcial). Todos los partidos políticos se posicionaron en una opinión muy concreta durante su campaña electoral: ¿las obras se van a Huesca? ¿Se quedan en Lleida? Con eso se buscaba ganar votos o provocó que algunos partidos los perdieran. Tanto por el grupo constitucionalista como por el independentista. Haciendo autocrítica de los partidos con los que me siento más afín, se ha culpado al Artículo 155 y al Gobierno Rajoy de que el Museu de Lleida fuera expoliado sin más remedio, pero para mí es una sucia falacia; en el proceso de compra de las obras la Generalitat se saltó un paso y resultó que esas obras no podían ser compradas, ergo siempre han pertenecido a la Diócesis Barbastro-Monzón. Los objetos del Monasterio de Santa María de Sijena, a pesar que se salvaron gracias a una iniciativa catalana y que hasta hace poco estaban en un sitio mucho más digno que el monasterio pasada la guerra civil, nunca pertenecieron a la Generalitat ni al Museu de Lleida.

Y después de estar poco más de 20 años, por fin esas obras han vuelto a casa… A pesar de que se haya hecho en un contexto político muy convulso y, sobretodo, con la peor praxis posible.

 

 

 

 

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