Colaboraciones, Relatos cortos

Rosa de arena, rosa de hielo

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Rosa de arena, rosa de hielo es el microrrelato que he redactado para la Antología Genderless, proyecto colaborativo de la que os hablé en la anterior entrada: relatos cuyos protagonistas no tienen un género definido, dejándolo a imaginación del lector. Un grupo de cuentos con temática completamente libre y de espíritu igualitario. Mi aportación trata del amor sin fronteras.

©Laura Solé Alejandre
Diseño de portada y corrección: Laura Solé
Tipo: microrreralo
Escrito en: mayo de 2018
Imagen sacada de Pixabay


Dos cuerpos nacidos en entornos distintos y naturaleza antagónica. Dos almas concebidas para jamás conocerse. Una rosa blanca de escarcha y una rosa amarilla de arena, hoy florecen entre rosales de hielo y fuego.

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[Al nacer no fui lo que esperaban; desprendía un glacial frío que helaba cuanto me rodeaba y mis palabras eran siempre hirientes como finos cuchillos de frío cristal. Jamás comprendieron que no era mi culpa haber nacido diferente y me culparon por ser lo que me habían convertido.

Me fui sin mirar atrás, dejando tras de mí un fino rastro de escarcha que con el tiempo desaparecía. No quería que nadie supiera de mí… Hasta que encontré a alguien que me habló.]

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[Al nacer me arrebataron el calor y conforme iba creciendo, fueron mermando también mi luz. Yo podía iluminar la más negra de las noches con sólo pensarlo o prender un campo entero con sólo un chasquido. Pero eso ya no importa, nunca a nadie le interesó lo que podía hacer, sino de qué manera podía serles útil. Mi carácter apasionado se apagó y el fuego quedó reducido a cenizas ardientes.

No podía ir a ninguna parte. Vagaba sin rumbo dejando un rastro de cenizas de lo que iba muriendo bajo mis pies al largo de mis pasos. Nadie me comprendía… Hasta que encontré a alguien que me escuchó.]

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Una aura cálida y una fría entran en conflicto cuando sus miradas se cruzan. La primera quiere helar a la segunda. A su vez, la segunda quiere hacer arder a la primera. Las dos almas entienden que a pesar de ser tan distintas, han vivido una vida similar y, con el tiempo, pueden sanar las heridas. El hielo está decidido, pero el fuego duda.

Puedo ayudarte a recuperar tu fuego. Un poco de agua siempre aviva las llamas.
Si lo haces puede que mis llamas derritan tu hielo. Podría llegar a destruirte y no quiero eso.
Todo el hielo que hay en mí me ha llevado a la soledad y no quiero seguir así.
No tenemos nada a favor. Si se llegara a saber…
No permitas que te dominen más. Recházame o ámame, pero que sea por lo que quieres tú. Yo lo aceptaré.

De pronto, lo que había empezado con una mirada, se convirtió en contacto y luego en beso. Lo que siempre había sido una tímida chispa iba cobrando vida hasta convertirse en una intensa llama que daba luz y calor a cuanto estaba a su alrededor. Ya no hablaba su razón, se había abandonado a su corazón. Esa llama, que había estado a punto de morir, ahora ardía como nunca. En su calor el hielo se deshizo de lo que le sobraba y quedó transparente y sólido como el más preciado diamante.

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Dos cuerpos nacidos en entornos distintos y naturaleza antagónica. Dos almas destinadas a encontrarse. Una rosa blanca hielo y una rosa amarilla de arena, crecen ahora juntas, como hubieran estado siempre en el mismo rosal.

6 comentarios en “Rosa de arena, rosa de hielo”

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